Tener un cómplice siempre es bueno...
eso que lo diferencia tanto de otras sensaciones....
y ahi está ese otro cómplice que nace entre las sábanas
entre la sonrisa y el beso ahogado del suspiro...
cómplice de día y noche,
de alma y cuerpo,
diluído en la sangre y el deseo,
en sueños y proyección
co-autor de delitos futuros
trinchera de cursilerias
hombro de caídas
terrorista de dulzuras
fabricante de tus risas,
cómplice revolucionario de revoluciones próximas
compañero de tus propias revoluciones internas,
aparentemente...,
o en definitiva,
la otra mitad de tu alma.
y así se configura parte del mapa
y se diseñan protagonistas y co-partícipes de la historia de omisiones
de recuerdos que no se diluyen ni se propagan
petrificando la imagen
el instante
lo que vibra
lo que llena
flotando en el océano de lo oculto
y aflora en las miradas
y las risas
y la amenaza constante de hablar "aquello"
y en la certeza absoluta
que el secreto sólo vive entre dos
en la infinita mar de aquella complicidad.
